domingo, 16 de agosto de 2009

Épocas Históricas

La historia de la humanidad está estrechamente relacionada con el cultivo de la vid. Su condición de cultivo permanente obliga al hombre a cultivarla durante todo el año y limita, por lo tanto, los procesos de migración, dando origen a aldeas y después, a ciudades. Por esto, es evidente que esta especie juega un papel importante en el proceso de civilización del hombre.

En Egipto, son frecuentes las tabillas y papiros funerarios donde aparece la vid o el vino. En Grecia veneraron a Dionisio como dios de la vid y el vino. La expansión del Imperio Griego, 1000 años antes de Cristo, lleva la vid a los países donde se asentaría su verdadero hogar: Italia y Francia. El equivalente de Dionisio para los romanos es el dios Baco, cuyo culto favoreció la difusión de la vid por todo el Imperio. Todos los inicios del cultivo de la vid en el Imperio Romano tuvieron lugar en los valles fluviales, líneas naturales de comunicación que los romanos despejaron de bosques para cultivarla, redescubriendo el efecto asentador y civilizador del cultivo de la vid sobre la población.

A la caída del Imperio Romano, durante la época medieval, la Iglesia fue la depositaria de los conocimientos de la civilización, identificándose con el vino no sólo como elemento indispensable para la celebración eucarística, sino que también como un lujo reconfortante en este mundo. La propagación de la Fe Cristiana difundió incluso la viticultura a países donde las condiciones ecológicas hacían difícil su cultivo.

La vid europea fue introducida en América durante el segundo viaje de Colón, probablemente por medio de semillas de pasas o estacas provenientes de las Islas Canarias. En ese viaje, Colón reconoció las Antillas menores, las islas de Sotavento; volvió a la Hispaniola (Haití) y exploró las costas de Jamaica y Puerto Rico.

Los primeros intentos de cultivar la vid en las Antillas fracasaron, principalmente por problemas climáticos. En 1519, cuando Hernán Cortés conquista México. La mayor altitud de México modifica las condiciones climáticas tropicales, lo cual permite los primeros buenos éxitos en el cultivo de la vid en América.

La conquista española, el más traumático de los procesos históricos conocidos por este continente, fue hecha para Dios y el Rey. Los reyes de España promovieron inicialmente el cultivo de la vid, indispensable para los fines evangelizadores en el Nuevo Mundo. Mientras que, por otra parte, se diezman y destruyen las civilizaciones americanas que encuentra el conquistador español.

Cuando su cultivo comenzó a interferir con el comercio entre la Madre Patria y sus colonias, el Consejo de Indias, en 1595 y bajo el reinado de Felipe II, intentó prohibir la producción de vinos en América. El Rey Felipe III confirmó en 16620 esta prohibición, la cual fue reiterada en 1628 por Felipe IV. Los colonos y clérigos hicieron caso omiso de estas prohibiciones, impulsados probablemente por las dificultades para obtener el vino de consumo diario y la imposibilidad de prescindir de él en la celebración eucarística. Así, la vid se implanta en las cercanías de conventos, misiones y abadías, para luego extenderse por doquier.

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