viernes, 23 de octubre de 2009

Los más generosos

El vino es un producto cultural en un doble sentido; nace de la cultura de un pueblo y a su vez conforma poderosamente esa cultura. En España los vinos de Jerez o de la Rioja presentan una imagen tan clara de España como el monasterio de San Millán o la Giralda de Sevilla.


Región de colinas calizas, ondulantes, es una tierra blanca, desde el color del suelo hasta las paredes de las casas. Este enclave posee además una climatología ideal para la elaboración y envejecimiento del brandy de Jerez.

A estas circunstancias favorables se les une una tradición muy arraigada. Jerez, Xérès o Sherry es una denominación de origen geográfica cuyos vinos están protegidos y vigilados rigurosamente por el Consejo Regulador de las Denominaciones de Origen “Jerez-Xérès-Sherry” y “Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda”.


Las primeras noticias sobre el vino de Jerez nos las proporciona Estrabón, geógrafo del siglo I aC, nos dice que las primeras vides jerezanas fueron traídas a la región por los fenicios alrededor del año 1100a.C. Los siglos de la dominación árabe que vivió España nos legaron conocimientos que han perdurado con el paso del tiempo. Ya en la Edad moderna, tras el descubrimiento de América se comercializó en lugares como Las Indias y Antillas.

La comercialización en Londres data de 1578 año en que los ingleses atacaron Cádiz llevándose consigo 3000 botas de Jerez. A raíz de ese hecho el vino Jerez se puso de moda en Londres. Pocos vinos de la antigüedad siguen presentes en el mercado. El jerez es uno de ellos porque los jerezanos, los naturales y los de adopción, han acomodado sus estructuras productivas a las necesidades de los tiempos y han sabido adaptarse a los cambios en la demanda.

Si contemplamos las bodegas de Jerez podremos concluir en una primera aproximación que son hermosísimas desde el punto de vista “estético”, pero si las analizamos en función de las necesidades que plantea la crianza de los Vinos de Jerez deduciremos que son extremadamente funcionales.

El clima del Marco de Jerez, meridional cálido, pero con fuerte influencia del Océano Atlántico, no es el más adecuado para la crianza de vinos de calidad, lo que ha sido un reto que ha obligado a los bodegueros de Jerez a adecuar las condiciones arquitectónicas de las bodegas para paliar los factores negativos y aprovechar los positivos.

El Marco de Jerez presenta una gama muy variada de vinos que van desde los blancos y muy secos hasta los oscuros y dulces. La crianza de cada uno de ellos precisa condiciones microclimáticas especiales que las bodegas han ido creando jugando con la posición de la bodega, su orientación, su altura, etc.



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